La foto de frente que arruina (o salva) un análisis de visagismo
El visagismo no adivina. Mide. Y la medida parte de una sola cosa: una foto de frente honesta.
Lo que más desvía el resultado, en la práctica:
Cabeza inclinada. Tres grados alcanzan para cambiar la relación largo/ancho.
Contraluz. El contorno se come y el algoritmo (o el ojo) inventa el óvalo.
Pelo tapando la frente o las sienes. Ahí vive el tercio superior. Si no se ve, el corte que te recomiendan es de otra cara.
Lentes y filtros. Distorsionan distancia interpupilar y color de piel.
La foto que sirve: celular a la altura de los ojos, brazos extendidos, luz de ventana de frente, pelo atrás, sin sonrisa forzada.
Con esa toma, el resto —corte, ceja, color, escote— deja de ser opinión.
